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No hay desierto

Pueblo Mapuche

Wechekeche ñi Trawün: la música es un instrumento para llegar a nuestros hermanos

Wechekeche ñi Trawün: la música es un instrumento para llegar a nuestros hermanos

El grupo de música mapuche-fusión presentó su segundo disco en Bariloche, en el marco de su primera gira. Se vale de los ritmos más modernos y contemporáneos para ratificar la identidad mapuche.

Por Adrián Moyano



            Hasta una cumbia de formato similar a la “villera” incorporaron los Wechekeche ñi Trawün en su segundo disco, al que dieron a conocer en Bariloche. El grupo de Santiago llevó a cabo una pequeña gira por la región, que arrancó en San Martín de los Andes, continuó en Zapala y prosiguió en la Escuela Municipal de Arte “La Llave”. Cabe recordar, se trata de un conjunto de jóvenes mapuches que no le escatima espacio a los ritmos más modernos y populares a la hora de favorecer la masividad de su mensaje.

Le tocó a Paul Paillafilú trazar una semblanza de la banda. “Nosotros presentamos un repertorio de música mapuche-fusión: reggaeton, hip hop, cumbia y reggae. En el Gulumapu (Chile), cuando comenzamos con este trabajo, nos dimos cuenta que había muchos peñi (hermanos mapuches), jóvenes sobre todo, que estaban en otras cosas y les gustaban otros estilos musicales, como el rock, el hip hop, el reggaeton, lo que fuese... Entonces, nos preguntamos por qué no utilizar esos mismos estilos pero incorporando el mensaje mapuche, fusionándolo con la música mapuche. Así fue que llegamos a esta fusión, siempre teniendo en cuenta que para nosotros, la música es un instrumento para llegar a nuestros hermanos. Por eso decidimos hacer esta fusión y ahora nos damos cuenta que ha tenido una gran masificación, tanto en el Gulumapu como en el Puelmapu (la Argentina)”.

A la distancia, pareciera que entre los sectores populares trasandinos -mapuches o no-, el hip hop como género logró mayor recepción que entre sus pares de la Argentina. “Sí, hay un inserción del hip hop más importante allá que acá. También está el tema del reggaeton pero acá, nos hemos dado cuenta de que es la cumbia la que pega fuerte. En ese sentido, hemos tratado de ser lo más amplios posibles para que nuestro mensaje pueda llegar a más hermanos”, sostuvo Paillafilú. De ahí la reciente incorporación de una cumbia villera-mapuche en el repertorio de Wechekeche ñi Trawün.

Los muchachos y muchachas, ponen particular énfasis en el contenido de sus canciones, en las palabras que quieren difundir. “Principalmente, están dirigidas a niños y jóvenes mapuches. Buscamos desarrollar el tema de nuestra identidad como mapuches. En ese sentido, siempre les decimos a los niños y a los peñi jóvenes y a las lamuen: hermanos, siéntanse siempre orgullosos de ser mapuches, orgullosos de lo que somos. Tenemos mucho de qué enorgullecernos y también mucho de qué aprender, tenemos que recuperar nuestro idioma mapuzugun, tenemos que recuperar nuestra cosmovisión... Hay muchos lugares que han sido totalmente evangelizados, entonces hay bastantes cosas que nosotros como pueblo, tenemos que mantener y recuperar, luchar por nuestras reivindicaciones... En ese sentido, hacia allá apunta nuestro mensaje”, afirmó el artista.

 

Todo bien con los “viejitos”

 

Claro que la jugada entrañaba sus riesgos. Así como era previsible arribar al público juvenil con los formatos musicales de la actualidad, también resultaba comprensible un rechazo por parte de los mapuches más tradicionales. “En un comienzo, nosotros teníamos ese temor porque sabíamos que quizá podía haber críticas y todo... En un comienzo sí hubo algunas críticas, pero a medida que escucharon el disco completo y fueron analizando lo que decíamos, de a poco se sumaron al apoyo que nos había dado la gente en general. Entonces, inclusive un machi ha escuchado el disco, también viejitos en el Gulumapu y les ha parecido bien. Así que la aceptación que ha tenido ha sido mayor que la que esperábamos. Para nosotros ha sido un gran apoyo para continuar nuestro trabajo”.

Al cruzar la cordillera, los Wechekeche ñi Trawün se llevaron una agradable sorpresa. “Mira, la verdad que nunca pensamos que la música iba a provocar tanto revuelo. Esta es nuestra primera gira, estamos promocionando nuestro segundo disco: Wechekeche ka kiñe. Tocamos en varios lugares en el Gulumapu y llegamos acá desde Panguipulli. Tocamos en San Martín y en Zapala y la aceptación de la gente ha sido impresionante. Nosotros nunca pensamos que íbamos a llegar tanto a la gente. En ese sentido, estamos muy contentos”, admitió Paillafilú.

Entonces, segundo recodo en el camino discográfico. “En el nuevo disco quisimos incorporar algunos estilos que quizás en el anterior no habíamos tocado. Se mantienen sí algunos, como el hip hop y el reggaeton. También hay una ranchera. Ahora introdujimos por ejemplo, una cumbia. También nos adentramos en la salsa como estilo musical, todo siempre fusionado con nuestra música mapuche, con nuestro idioma y nuestro mensaje”.

Por eso, hay más continuidades que rupturas. “La línea sigue más o menos igual que en el primero, de música mapuche-fusión. Sin embargo, hay bastantes innovaciones, pero se tienen que ir captando a medida que se escucha el disco. De todas maneras, el mensaje que nosotros enviamos, lo podría decir un viejito en un canción tradicional mapuche. En el fondo, nosotros mantenemos ese mensaje, con un estilo y un ritmo nuevo que nos permite llegar a más hermanos”, remató el Wechekeche.

Marisa Malvestitti rescata los relatos mapuche que recopiló Lehmann Nitsche

Marisa Malvestitti rescata los relatos mapuche que recopiló Lehmann Nitsche La lingüista intenta reconstruir biografía y pareceres de los 26 mapuches que entre 1897 y 1930, conversaron con el controvertido antropólogo alemán. De aquellas sesiones, quedaron casi 3.000 páginas en idioma mapuche, que hasta el momento no se habían traducido.

Por Adrián Moyano


Hace dos años que la lingüista Marisa Malvestitti, residente en Bariloche y docente de la Universidad Nacional de La Pampa, trabaja en la obra de Roberto Lehmann Nitsche. La magnitud intimida: casi 3.000 páginas en mapuzugun (idioma mapuche), buena parte de ellas sin traducir. La meta de la investigadora es llegar a la publicación de dos volúmenes, hecho que se produciría a mitad de año. Pero el proyecto no se limita a poner al alcance del público las recopilaciones del germano, más bien apunta a poner de relieve los relatos de los verdaderos protagonistas de la historia: los 26 mapuches que le aportaron al estudioso sus testimonios.

“Estoy trabajando en la obra de Lehmann Nitsche, un antropólogo alemán que estuvo en la Argentina entre 1897 y 1930. En su momento, recopiló muchísimas cosas, por ejemplo, sobre el folklore posterior al Martín Fierro. Pero en Alemania se conservaron en un instituto de investigación sus manuscritos de textos mapuches, que recopiló con gente que había sido desplazada después de la campaña de Roca, gente que en ese momento estaba en La Plata, en Buenos Aires o en comunidades como Los Toldos, o que iban a hacer reclamos de tierras a Buenos Aires”, introdujo Marisa.

Esos manuscritos son sumamente importantes porque “él anotó en mapuzugun. Hubo algunos mapuches que colaboraron con él, ya sea ayudándole a traducir -no sabía mapuzugun- o recopilando y juntando otros materiales. Cuando reunió todo ese material, decidió escribir un libro que quedó inédito, no sé por qué motivo... Después, volvió a su país y el material quedó en Alemania. Cuando murió, su familia volvió a la Argentina pero el material quedó allá. Por suerte, en el Instituto Iberoamericano, donde está, tuvieron ganas de publicarlo, hubo un par de contactos y yo comencé a trabajarlo”, explicó la lingüista.

Entonces, “está en vías de publicarse un libro o dos, porque son 2.900 páginas en mapuzugun. Es muchísimo. Parte está traducido y parte no. Por un lado, estoy tratando de publicar una compilación de todos los consultantes de Lehmann Nitsche, que fueron 26. En estos tiempos estuve buscando más datos y encontré fotografías de ellos, datos biográficos y gente descendiente, con quienes intercambiamos materiales y fotos. Eso pasó en Los Toldos, donde Lehmann Nitsche estuvo en 1920. Contacté a la organización mapuche de allá, viajé y encontré gente que me decía que su bisabuela, por ejemplo, le había contado tal cosa a Lehmann Nitzche. La verdad, eso es lo lindo. No sólo trabajar con textos que seguro que tienen su valor histórico y por supuesto lingüístico, sino también los contactos que se dan, porque los textos nos están hablando del presente”, consideró Marisa.

 

Valioso hallazgo

 

Obviamente, el legado del antropólogo alemán se puede convertir en un auténtico tesoro para los investigadores y para los propios interesados, es decir, los mapuches. “En uno de los textos que está sólo en mapuzugun y del que hice ahora una primera traducción, un mapuche que se llamaba Catrilaf y pertenecía al grupo de Sayweke, cuenta cómo fue recorriendo todo este territorio antes de la llegada de las tropas del Ejército, junto con los lonkos Inakayal y Foyel. Cuenta también cómo ellos decidieron presentarse y cómo fueron discutiendo esa decisión. Hay que tener en cuenta las palabras, porque al presentarse, ellos no interpretaban que se estaba rindiendo o haciéndose prisioneros. Pero el Ejército, cuando ellos se presentaron, los tomó como prisioneros. Los trasladó desde Aldea Apeleg, allá en el sur, hasta Carmen de Patagones. Allí los embarcaron hasta Buenos Aires y en ese trayecto, muchas veces fueron encerrados en un corral y atados para que no se escaparan, es decir, tratados como prisioneros de guerra cuando la propuesta que habían hecho los militares era otra: preséntense, que los vamos a tratar bien... Todo eso fue mentira”.

Si bien cuenta con algún respaldo, la tarea que se fijó la investigadora descansa sobre todo, en el esfuerzo propio. “El instituto alemán colaboró con la primera beca para que yo pudiera ir e interiorizarme sobre el contenido de los textos y empezara a trabajarlos. Después obtuve otra beca para la publicación, eso es importante. Así que el libro va a poder salir, pero no tengo un subsidio permanente ni nada por el estilo. El trabajo lo estoy haciendo en mi tiempo, me autofinancio, como toda la gente”.

La iniciativa está en la cuenta regresiva. “Falta el último procesamiento de información. Me faltaban chequear algunos textos, por eso fui a Jacobacci hace poco. Pero bueno, hay algunas cosas que los hablantes actuales tampoco pueden delimitar, tal vez porque Lehmann Nitsche anotó mal o porque eran modismos de la época que ahora no se usan. Digamos que los textos en mapuzugun ya están traducidos, faltan introducir en el texto algunos cambios. También falta que escriba el capítulo de introducción para ubicar un poco más a Lehman Nitsche, que además fue una personaje bastante controvertido, por lo menos desde nuestra mirada”, consideró Marisa.

Fiel producto de su época el científico europeo. “Iba a tomar datos de los indígenas del norte en los ingenios, cuando obviamente, no estaban en buenas condiciones. También hay algunas fotos que tomó en Tierra del Fuego a mujeres alakaluf o yagan, él cuenta la situación en qué vivían y uno se pregunta: cómo sacó una foto y no se le ocurrió hacer una denuncia... Participaba absolutamente del dogma positivista del siglo XIX y además, trabajaba en el Museo de La Plata, que tampoco era una institución muy progresista. Por eso, intenté darle una vuelta al libro. Está bien, Lehmann Nitsche tiene que figurar porque fue quien recopiló, pero los que acá son importantes son los mapuches que quisieron contar todas estas cosas. Por eso el libro está organizado sobre la base de las personas, por eso también tardé más al buscar los datos”.

Como todo hallazgo, las recopilaciones del alemán producen confirmaciones y novedades. “Hay muchas ratificaciones, pero lo que cuenta Catrilaf sobre cómo fueron tomados prisioneros, es el único testimonio de la época en mapuzugun que hay sobre el tema. Porque se pueden leer los partes militares o los relatos que se cuentan actualmente, que a veces son en mapuzugun y otros en castellano. Éstos son compatibles con lo que cuenta Catrilaf, que tendría 50 años o más en ese tiempo. Él habla como gente de acá, del sur del río Limay o del País de las Manzanas, y habla exactamente igual que la gente de acá de la actualidad. Diferente a las maneras de la gente de Los Toldos o los catrieleros, que por ahí tienen otras expresiones y modos de hablar. Eso es lo que a mí me interesa porque soy lingüista, precisamente: las variantes que hay dentro del propio mapuzugun”. Se viene la divulgación de un trabajo muy valioso.

Diana Lenton: siempre hemos tenido un enemigo interno de turno

Diana Lenton: siempre hemos tenido un enemigo interno de turno

Diana es doctora en Antropología Social, docente e investigadora del Departamento de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires. Junto con el historiador Walter Delrio, coordina la Red de Estudios sobre Genocidio en la Política Indígena Argentina, que reúne a antropólogos, historiadores, abogados y especialistas de otras disciplinas. La siguiente entrevista la realizó Ximena Pascutti para el periódico Perfil

¿Qué lugar ha tenido la tortura en la constitución del Estado argentino?

La tortura es un elemento más de la imposición de un régimen de destrucción de la cultura. Se ve claramente que la historia de la política indígena argentina, si la tomamos como un proceso de larga duración, es ante todo un plan genocida, más allá de momentos de buena voluntad. Hay documentación y denuncias de época que hablan de torturas en tiempos de la Campaña del Desierto de 1879 o un poco antes. Durante el roquismo había protestas permanentes contra los abusos realizados por parte de los soldados en campaña. Como se lee en el Martín Fierro, una forma de la tortura era el uso de los cepos. Aun hoy, en la memoria histórica de las comunidades originarias se cuenta cómo a los prisioneros los desgarronaban para que murieran desangrados, y hasta se dice que los castraban. Las mujeres eran violadas sistemáticamente. Los genitales fueron usados en toda época como botín de guerra.

¿Es aplicable la noción de genocidio en la Campaña del Desierto?

Hay investigadores que separan el etnocidio del genocidio. Es decir, diferencian el ataque con intención de destruir las culturas, de la destrucción física de la gente. Para mí van juntos: el daño y la desestructuración que provoca en un pueblo un ataque en su población repercute en las posibilidades de transmitir su cultura. En nuestro caso, hasta Darwin se escandalizó. En “Viajes de un naturalista por el Plata”, cuenta que los soldados de Rosas mataban sistemáticamente a las mujeres pampas o ranqueles menores de 20 años porque “tenían muchos hijos”. Para Darwin la extinción de los pampas no era consecuencia de la selección natural, sino de la acción del gobierno. También hay documentos que hablan de gente que en 1879 era llevada a campos de concentración. Junto con la acción militar de vaciamiento de la tierra, hubo otras acciones que tendían a la eliminación global de la gente.

¿Como los posteriores centros clandestinos de detención?

Este tema lo investigó el antropólogo argentino Walter del Río. El cree que existió un plan militar concreto de encerrar a muchos sobrevivientes en la zona de Valcheta. Parece que fueron lugares de concentración con alambres de púas de tres metros, con gente muriendo de hambre. Eso se lee en las memorias de colonos galeses como Evans. Fueron miles de personas, pero no tenemos el número exacto. Tras ser atacadas algunas poblaciones, se las obligaba a ir a pie a Junín de los Andes o Bahía Blanca, y muchos morían en esas larguísimas marchas. A los que iban quedando por el camino, los mataban. A muchos los encarcelaban en la isla Martín García. Se dice que por allí pasaron entre 10 y 20 mil personas. Hubo que habilitar dos cementerios especiales en 1879. Otros eran alojados en los cuarteles de Retiro o Miserere en la Capital Federal; esto provocó la reacción de la prensa y de la gente “consciente” que se escandalizaba por esta muestra de barbarie dentro de la capital civilizada.

¿Cuál era el objetivo de concentrarlos o trasladarlos?

Creo que no hubo una política integral, al menos a fines del XIX. Fue una cosa espasmódica, según quien decidiera. Cuando el general Villegas capturó al cacique Pincén, que era todo un objetivo, Roca insistió en que lo enviara a Buenos Aires para dar un escarmiento a los que quisieran resistir en la Patagonia. Villegas, en cambio, quería tenerlo a mano para que los indígenas no le armaran una rebelión. Desde Buenos Aires se veía más útil el vaciamiento, desarticular las lealtades. Es llamativo cómo se repite en los telegramas de Roca eso de que hay que escarmentar, llevarse a la gente y que sus familiares no sepan adónde.

¿Un antecedente de las desapariciones sistemáticas de fines del siglo XX?


Y sí, es difícil no asociar con los desaparecidos. ¿Por qué no hubo en ambas épocas ejecuciones públicas aleccionadoras? ¿Tal vez porque el Estado no tenía legitimidad suficiente para hacer al menos un juicio militar? En 1882, Estanislao Zeballos pedía juicios sumarios a los araucanos, bandoleros según él, para que se los fusilara. Pero el Ejército los desaparecía. Zeballos, a pesar de lo terrible de su propuesta, pedía cierta legitimidad, que se supiera que a la gente se la fusilaba. Quedó en actas: Roca prefería la desaparición.

¿Qué efecto tenía esto sobre la población?

El efecto buscado es el mismo que décadas más tarde. Alimentar una sociedad basada en el terror. Por eso, el genocidio no debe considerarse un problema de los pueblos originarios ni de los militantes de los 70, sino de una sociedad constituida como parte de un Estado terrorista. Ese proceso lo inició esa generación del 80, al disminuir las legitimidades y no escuchar a los sectores que se oponían a los excesos. Fue una elección política. El Ejército podía hacer lo que quisiera con los opositores, en este caso los pueblos originarios, como después ocurrió con los militantes: violar a las mujeres, llevarse a sus hijos. Cuando Roca propuso repetir la experiencia de la campaña en el Chaco en 1884, Aristóbulo del Valle, representando a la oposición legislativa, se negó. Y no eran pocos los que fuera del Congreso Nacional tampoco quisieron. Ya decían que en la campaña a la Patagonia se habían violado todas las “leyes de la civilización. Hay una autocrítica muy importante de Aristóbulo del Valle que dijo: “Hemos reinsertado la esclavitud, la trata de blancas. Hemos convertido a las mujeres, los ancianos y los niños en botín de guerra… todo lo que no queríamos para nuestra sociedad”.

Salvando las diferencias, ¿no sucede algo parecido ahora? Aunque la Argentina adhiere a convenios internacionales, en comisarías y penales se siguen usando la picana y otros métodos de tortura, según el último informe anual de la Procuración Penitenciaria de la Nación.

Lo importante es la conciencia. Ciertos movimientos de derecha buscan reinstalar estas cosas cuando no hay conciencia del otro lado. Como investigadores tenemos que preguntarnos eso: ¿por qué, si en todas las épocas había gente crítica, sucedieron estas cosas? En épocas críticas, en la clase política muchos hacen la vista gorda, sobre todo cuando empiezan a repartirse los premios. Mitre tenía editoriales en el diario La Nación donde acusaba al gobierno de Roca de estar cometiendo crímenes “de lesa humanidad” contra los ranqueles. Así, textual, en 1878. Luego del reparto de tierras pasaron a ser aliados políticos y nunca más una crítica.

¿Habrá ocurrido, como muchos dijeron luego de los 70, que no se sabía lo que estaba pasando?


No. La sociedad de fines del siglo XIX estaba denunciando crímenes de lesa humanidad. En la Cámara de Diputados hubo debates sobre el proceder de la Sociedad de Beneficencia, que se apropiaba de los chicos y se los regalaba a otras familias, como sucedió también en la última dictadura. En la Argentina todo se repite. Lo que pasó en los 70 no es nuevo, tal vez haya tenido otra extensión y otro impacto sobre las clases medias e intelectuales. Lo peligroso, en toda época, es que esas clases dominantes instalen sus intereses particulares como generales. Presentar la Campaña del Desierto como una epopeya, como algo que estuvo bien porque si no “la Patagonia se la quedaban los chilenos” o porque “no había otra manera que asesinando”. No sabemos qué hubiera ocurrido sin la Campaña del Desierto. Pero sabemos que fue una guerra contra la sociedad civil, no contra un agresor externo.

Otra coincidencia con la última dictadura.


Desde hace ciento cincuenta años hemos tenido siempre un enemigo interno de turno: los indios, los federales o los unitarios, los caudillos y los vagos de la pampa, la barbarie, los cabecitas negras, los de pelo largo, los villeros, y un discurso de la seguridad que promete acabar con el problema acabando con el enemigo. El Estado se va configurando en esa guerra permanente hacia adentro. Una característica de los regímenes de terror es la definición previa de un grupo que será perseguido, como enemigo no ya del sistema político sino de la humanidad o la civilización. En ese trabajo de definición, que generalmente va contra la experiencia histórica y el mismo sentido común de los contemporáneos, creo que está la raíz del genocidio que viene después.

¿Cómo operaron más tarde los mecanismos violentos aprendidos en esa época?

En las comunidades aborígenes, la herencia es el silencio. Tal vez ocurre en el resto de la sociedad, no aborigen, que ha sufrido los efectos del terror. Muchas familias no quisieron transmitir a sus hijos sus historias sobre torturas, violaciones y desarraigo. Hay gente que sospecha que es descendiente de indígenas, pero no puede reconstruir el camino. A muchos chicos los regalaban, los bautizaban y les cambiaban el nombre. No saben a qué familia o linaje pertenecían sus abuelos o bisabuelos, ni a qué zona. Los repartían en Buenos Aires, pero podían ser de la Patagonia o del Chaco.

¿Nos define como argentinos cierta indiferencia ante los avances estatales sobre la libertad del ciudadano, su voluntad o su cuerpo?

Lo tenemos bastante naturalizado. Hay una predisposición a aceptar que el que manda puede hacer lo que quiera, y que eso es bueno para la conservación de intereses supuestamente comunes. Es falta de conciencia ciudadana en relación con los derechos, y creo que en esto están en deuda los partidos políticos. Una de sus tareas debería ser la educación para la convivencia y para las garantías. Ahora esperamos que el Estado nos de todo, o que se reforme a sí mismo. Nos falta debate público en serio, y también entre los académicos. La pregunta es cómo hacemos para que no se repita el horror.

¿Cómo hacemos?


Hay que cambiar el juego político. Veo un cambio en la gente joven, una voluntad importante, que es muy esperanzadora. Pienso que estas cuestiones políticas no se dan de manera aislada, sino que tienen raíces en otras formas de autoridad que están fuera de la política, en la organización familiar, escolar o empresarial. Si esa autoridad comienza a cambiar en otros rubros, tal vez pueda cambiar en la política.

¿En un siglo?


Tal vez un poco más.

Norma que suspende desalojos a indígenas se aplica por primera vez en Río Negro

Por Adrián Moyano 



Un fallo de un tribunal de Bariloche favorece a la comunidad Pedraza-Melivillo, del paraje Carrilaufken Grande. Es la primera sentencia que invoca la Ley Nacional de Emergencia de la Propiedad Comunitaria Indígena. El Consejo Asesor Indígena valoró la decisión.

 

            El Consejo Asesor Indígena (CAI) consideró que un reciente fallo de la Justicia de Río Negro abre nuevas perspectivas ante las demandas que formulan las comunidades mapuches de la provincia cuando reivindican diversos espacios territoriales. La decisión judicial fue la primera en invocar la Ley Nacional de Emergencia de la Propiedad Comunitaria Indígena, que se sancionó en los últimos meses del año pasado. En virtud de sus artículos, un tribunal de Bariloche ordenó a la Dirección General de Tierras y Colonias suspender el  desalojo que ordenara contra la comunidad mapuche Pedraza-Melivillo, del paraje Carrilaufken Grande.

            “Chacho” Liempe, integrante de la coordinación política del CAI, puso de relieve la nueva coyuntura. “Este conflicto tiene en su base lo que siempre ha sucedido con las fracciones de territorio que ha ocupado la gente nuestra después de terminada la campaña militar. Instalados ya los Estados, hubo una forma de dejar que la gente esté en los campos y una política de tierras, de no darle nunca seguridad. O sea que por muchos años, anduvo la gente nuestra buscando algún tipo de seguridad legal en los campos donde el Estado había dado permiso precario de ocupación”.

            Esa es una característica común en la abrumadora mayoría de los conflictos que tienen como protagonistas involuntarias a comunidades mapuches en el ámbito de Río Negro. Pero hay elementos más recientes. “Ante la necesidad que tiene el gobierno, según dice abiertamente, de recaudar fondos, pasan a entregar títulos de propiedad, pero no reconociendo los nuevos derechos que tenemos como pueblo mapuche. Eso ha llevado a través de tantos años a situaciones de despojo y de estafa bajo distintas formas”, historió Liempe.

            A las familias Pedraza-Melivillo le tocó en suerte vivir una circunstancia desagradable. “Ante la situación difícil que se vive en el campo, esta familia tuvo que salir por problemas de salud y de edad hacia Bariloche. Cuando volvió después de varios años, el campo había sido vendido por parte de un pariente. Después se vendió otra vez a un marino que es de Bahía Blanca. Ahora, Doña Juana y su familia hace tiempo que están instalados ahí, pero la Dirección de Tierras mandó una orden de desalojo. Ahí se inició el conflicto. Nosotros salimos a apoyar y si bien se había avanzado en la lucha judicial, después el Superior Tribunal de Justicia dictó un fallo contrario. Hasta que llegó esta instancia: aprobada esta ley, nosotros recurrimos a ella y se aplica por primera vez. Entonces, se suspende el desalojo por tres años y el gobierno tiene la obligación y responsabilidad de regularizar la situación”, celebró el referente mapuche.

 

Las cosas por su nombre

 

            El fallo lleva la firma de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de San Carlos de Bariloche y es particularmente relevante. “Por empezar, con este mismo hecho se le reconoce el derecho que tiene la comunidad como preexistente al Estado, al ser parte de todo el pueblo mapuche. Por otro lado, hay una cosa muy importante: deja clara la inconstitucionalidad o la ilegalidad por parte de la provincia de Río Negro, de insistir con la aplicación de la Ley de Tierras 279, cuando se trata de gente perteneciente a los pueblos originarios. Son dos o tres puntos muy importantes y también abre otra posibilidad, porque la Ley 2.287 Integral del Indígena, más allá de que algunos peñi (hermanos) la critican, tiene algunos puntos que permiten utilizarla. Por ejemplo, la investigación de los casos de robos y usurpaciones por parte de terceros, de gente que se ha ido convirtiendo en verdaderos terratenientes y también, por parte del mismo Estado, como ocurre en los últimos tiempos”.

            La decisión del tribunal también puso en segundo plano la cuestión de la personería jurídica. “Esa era una discusión inclusive dentro del plano legal, que quedó esclarecida con un fallo de un juez de Bariloche. Tuvo relevancia nacional e internacional e inclusive el gobierno lo puso como ejemplo en el caso de la comunidad Kom Kiñe Mu, cuando se la reconoció como parte de un pueblo originario preexistente. Lo que pasa con la personería jurídica es que según manifiesta el juez, es un derecho, no una obligación de las comunidades, porque el reconocimiento está establecido por la Constitución Nacional. Entonces, la ley esta (la de Emergencia) se aplica, tengan las comunidades personería jurídica o no. Ese es un punto en el que algunas instituciones del Estado insisten, pero más que nada con el ánimo de atomizar la lucha de nuestro pueblo. Al no conocer, nuestra gente, busca la personería jurídica. También están los que la utilizan, no tanto para reafirmar la lucha por el territorio, sino porque quieren proyectos, becas y sueldos con que beneficiarse”, ironizó el hombre del CAI.

            En definitiva, la puesta en práctica de Ley Nacional de Emergencia de la Propiedad Comunitaria Indígena “abre una situación nueva. A esa ley nosotros la cuestionamos desde el principio porque fue inconsulta. El Convenio 169 de la OIT dice que cualquier acción que se haga que afecte los intereses de los pueblos originarios tiene que ser consultada, pero esta ley salió de un día para otro. Bueno, ahora está y nosotros la vamos a utilizar... Por eso abre una situación nueva para todos los conflictos que tenemos y una posibilidad para todos aquellos peñi, se encuentren donde se encuentren, de pelear por lo que realmente nos pertenece. Ahora depende de nosotros”.

            Entonces, 2007 arranca con un horizonte distinto para el CAI y para las comunidades que se expresan a través de esa organización “de base del pueblo mapuche”. Liempe explicó que “hemos estado durante algunos años por decisión política propia, saliendo a los medios sólo en casos como este. Pero este año tal vez salgamos más a la opinión pública porque estamos frente a un punto clave o muy importante ante el Estado. Por parte del gobierno, nosotros no hemos visto nunca voluntad política de reconocer nuestros derechos como pueblo. Eso ha llegado a instancias límites: si bien en el plano judicial se ha avanzado, se llegó a un punto donde el gobierno tiene que tomar la decisión política de entregar nuestros territorios. Pero se resiste. Entonces, veremos qué otras formas buscamos para lograr lo que legítimamente nos pertenece. El reconocimiento legal ya está, ahora hay que buscar que se aplique”.

Lucía Golluscio: la cultura mapuche se centra en la palabra

Lucía Golluscio: la cultura mapuche se centra en la palabra

Por Adrián Moyano 



Llegó a Bariloche hace 30 años para enseñar Teoría Literaria pero un proyecto de investigación el cambió la vida académica. La doctora Golluscio está entre nosotros por estos días y aspira a consultar a algunos de los protagonistas de su libro, para presentarlo como corresponde. Aquí, anticipa el contenido de “El Pueblo Mapuche: poéticas de pertenencia y devenir”.

 

            Lucía Golluscio es doctora en Letras por la Universidad de La Plata y profesora asociada de Etnolingüística en la Universidad de Buenos Aires, entre otros datos salientes de su actividad. En su momento, recaló aquí y según nos dice, una experiencia de trabajo en el Centro Regional Universitario Bariloche cambió su vida académica. Por estos días está en la ciudad con “El Pueblo Mapuche: poéticas de pertenencia y devenir” bajo el brazo, un libro de su autoría al que espera dar a conocer en breve

 

¿Con qué se va a encontrar la persona interesada en la gran problemática general del pueblo mapuche, en las páginas de Poéticas de pertenencia y devenir?

 

Se va a encontrar con textos de distintos géneros, desde tradicionales hasta un reclamo por Internet o una ponencia en un congreso. O sea que hay textos recogidos por mí en el campo, en la lengua, desde hace muchos años. Casi 30... Por otro lado, hay textos producidos por las organizaciones de distintos lugares. Lo que buscaba y me interesó, es que la cultura mapuche es una cultura que se centra en la palabra. Entonces, lo que atraviesa el libro, pero no por mí, sino porque así es la cultura mapuche a mi modo de ver, es la función central que cumple la lengua y el discurso en la construcción de las relaciones sociales, la interpersonales y también de las identidades.

 

En la actualidad, afortunadamente hay muchos jóvenes antropólogos, lingüistas y también empieza a haber historiadores que se interesan por estas temáticas. Pero hace 30 años, ¿por qué te interesaste vos?

 

Bueno, porque vine a trabajar acá, al Centro Regional Universitario Bariloche. Yo había terminado la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires, que no tenía o tenía un lugar mínimo para las lenguas indígenas. En ese momento, había una sola materia,  que era Lingüística. Pero cuando vine acá, Francisco de Haro, que dirigía el CRUB, me invitó a participar de un proyecto interdisciplinario que se estaba gestando o llevando a cabo, centrado en las comunidades de Neuquén y Río Negro. La experiencia fue maravillosa... Vos pensá que yo soy muy urbana, soy de un barrio de Buenos Aires, o sea que si yo no hubiese tenido esa experiencia, hubiera vivido aburridamente o canalizado mis inquietudes por otro lado. Pero eran los 70, entonces tenía la posibilidad de reunir el compromiso social con los elementos técnicos que podía haber adquirido en la facultad. Además, en el marco de un equipo, porque había antropólogos y una socióloga. El mayor privilegio fue ir al campo.

 

¿Esa es la génesis de tu libro?

 

Claro que sí, porque la primera vez fuimos a Anekon Grande... Cuando volví en tren desde Anekon hasta acá, sentí que eso era lo que tenía que hacer. Yo había venido acá a enseñar Teoría Literaria. Pero no.

 

Terminaste aprendiendo...

 

Claro que sí. Me tuve que poner urgente. La primera vez que fui al campo, recogí material y después no sabía qué hacer con la lengua en ese casete, porque no había aprendido cómo transcribir. Así que tuve que empezar a formarme con una profesora de Buenos Aires, Emma Gregores. Tuve el privilegio de conocer a estos ancianos que te he nombrado.

 

Pero por lo menos en las palabras que estamos teniendo, se advierte una constatación que hasta hace poco no era muy frecuente: el carácter dinámico de la cultura mapuche.

 

Sí, claro que sí. Porque fijate vos que se puede pensar, y lo pueden decir los mismos jóvenes mapuches, en que ha habido un proceso de retroceso porque la presión del español fue muy fuerte y ha sido muy prolongada. Es un país donde desde la escuela y la formación del Estado nacional, el español era la única lengua. Además, el español del Río de la Plata, porque también se menospreciaba a las variedades regionales del español... Eso se da, pero yo fui notando y procuro también mostrar con este libro, que hubo muchos estudios sobre la muerte de la lengua. Todo el mundo busca el último hablante. Como diría Jorge Nahuel, es como si quisieran tener la primicia. Pareciera que el lingüista tuviera que tener la primicia de ir diagnosticando la muerte de lenguas en tal lado o en tal otro. En el caso de los mapuches, eso viene de los misioneros y gramáticos que en el siglo XIX ya decían que ellos tenían los testimonios de los últimos hablantes... Yo he ido en el 74 a Ancatruz y volví en los 90 y los hijos siguen haciendo el ngellipun, en él se habla la lengua. Entonces, me interesaba ver qué pasaba con la lengua, con las prácticas sociales del pueblo mapuche que seguían utilizando la lengua y el discurso, a veces hasta en español, para la construcción de la identidad. Entonces, lo que noté es que hay un fenómeno recurrente, que es el hablar sobre la lengua. Hay una especie de tensión permanente entre el retroceso en el uso y el poner a la lengua como tema, el hablar sobre la lengua. Eso es maravilloso, porque al hablar sobre la lengua, se convierte en metonimia del pueblo mapuche.

 

Creo que en la agenda de las organizaciones, por más distintas que sean sus inquietudes, la preservación, recuperación y desarrollo del idioma, siempre figura. Está en todas.

 

Claro, porque no en todos los pueblos la lengua ocupa el lugar central que ocupa en el pueblo mapuche. Hay otros pueblos en los que a lo mejor son otras las prácticas culturales que tienen el valor prioritario.

 

¿Qué te propusiste con el libro? ¿Es una síntesis? En el título hay una pista, porque al referirte al devenir, uno supone que hay una perspectiva de futuro.

 

En cuanto te ponés a examinar estos discursos de distintos géneros, de gente urbana o rural, siempre se advierte esta doble dirección en la construcción de la identidad: la de anclarse en el pasado, en los ancestros o en los ancianos, y la de producir el futuro. Pero además, es poéticamente. Cualquier conversación cotidiana entre dos mapuches hablantes, se va a estructura sobre la base del paralelismo, de la metáfora... O sea, se va a estructurar poéticamente. Se habla poéticamente, aunque sea una conversación como la que estamos manteniendo vos y yo. El paralelismo estructura no sólo los cuentos, sino también las conversaciones. Entonces, el libro se fue haciendo. La investigación en sus orígenes era registrar los modos que podía yo alcanzar a lo largo del área mapuche donde yo pude ir. Pero después se fue gestando esto, que no tiene que ver conmigo, sino con el dinamismo del pueblo mapuche y la riqueza que tiene.

El caso Millapi y la nueva doctrina del Superior Tribunal de Justicia en materia indígena

Por Darío Rodríguez Duch *

El Superior Tribunal de Justicia de Río Negro resolvió el pasado 7 de febrero de 2007 rechazar la demanda por desalojo que los titulares del dominio de un campo, el ciudadano  norteamericano John Gilbert Ogilvie y su consorte argentina Silvia T. de Ogilvie, le habían iniciado a varios de los integrantes de la Comunidad Mapuche Millapi del paraje rionegrino de Paso de los Molles. Dicho juicio llevaría casi diez años de tramitación, habiéndose condenado a los pobladores indígenas al desalojo de sus tierras por los Tribunales de Primera y Segunda Instancia anteriormente intervinientes.
Dentro de los demandados se encontraban las abuelas mapuches nacidas en el sitio hace ya más de 80 años, las hermanas Dominga y Felisa Millapi, inmortalizada ésta última a través de la célebre canción que el cantautor rionegrino Edgardo Lanfré le dedicara años atrás, frente a la injusticia pública de resultar víctima de una acción de desalojo en la propia casa donde naciera, tratándosela para el caso como una “intrusa” y encontrándose, ya desde el comienzo del juicio, ciega y sola en la misma, a pesar de lo cual jamás quiso abandonar su hogar.
Como abogado de la citada comunidad, y siendo el letrado de los demandados el Dr. Ronaldo Hussmann, resolvimos seguir de cerca todo el procedimiento atento tratarse de una flagrante injusticia y de un indudable caso testigo. Concurrimos, por tanto, al reconocimiento que para el caso realizara el STJ en noviembre de 2005 y aportamos ante el citado Tribunal todas las consideraciones de derecho indígena claramente aplicables al presente a través de un escrito de “Amicus Curiae” o “amigos del Tribunal”; la misma figura jurídica que también utilizáramos junto al Dr. Rubén Marigo en la causa “Gilio” y que fuera admitida por primera vez en la Provincia de Río Negro en aquella oportunidad, tomando como base la doctrina elaborada por el mismo STJ en el caso “Odarda”, ante el amparo presentado por el Codeci contra la minera “Calcatreu”.
Sin duda, uno de los principales vicios de todo este procedimiento derivaba del hecho de que el Sr. Ogilvie había demandado a los integrantes de la comunidad mapuche “Millapi” fundándose en el supuesto “cese de una relación laboral” de uno de sus miembros para con este supuesto “nuevo dueño”. Así, los Jueces Luis Lutz y Alberto Balladini consideraron violado el “principio de congruencia” porque la demanda claramente se fundó en el “despido” de uno de los peñi (hermanos) de la comunidad, pero el Juez de Primera Instancia en lo Civil había hecho lugar al desalojo por un supuesto “mejor derecho posesorio” de los actores, invocando razones no alegadas por el Sr. Ogilvie en su demanda.
Por otra parte, para el Dr, Lutz no correspondía tampoco debatir y decidir sobre el dominio (es decir, sobre quien figure o no como titular del campo en el Registro de la Propiedad Inmueble) del territorio ocupado tradicionalmente por estos miembros de la comunidad porque, en el caso, podrían encontrarse vulneradas normas de orden público, en cuanto a la protección de la propiedad de las tierras de poblaciones indígenas se refiere, por lo cual fijó el criterio de que corresponderá a los jueces una mayor prudencia y rigor en cuanto al estricto cumplimiento de un proceso de desalojo.
A su vez, el Dr. Balladini entendió que el fuero Civil, en que tramitó el juicio de desalojo, era incompetente porque esta demanda se fundaba en el cese de un vínculo laboral, lo que determinaba, de por sí, la nulidad de todo el proceso.

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El carácter de “poseedores originarios de sus tierras"

Merece, sin embargo, una especial atención el voto del Dr. Víctor Hugo Sodero Nievas, quien agregó como principal fundamento al mismo el carácter de los demandados como poseedores originarios de las tierras que ocupan, lo cual no había sido valorado en absoluto por todos los Jueces que habían intervenido con anterioridad.
De esta manera el Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Río Negro se hizo eco de algunos de los argumentos esgrimidos en nuestro escrito de “Amicus Curiae” y resolvió finalmente revocar la sentencia de la Cámara Civil de Apelaciones de San Carlos de Bariloche en cuanto confirmaba la sentencia del Juez de primera instancia y los condenaba al desalojo, desestimándose la demanda del Sr. Ogilvie por las razones expuestas y, sobre todo, por el claro carácter de poseedores originarios de sus tierras con que cuentan los demandados.

Nueva doctrina legal

El argumento de que la simple acción de desalojo no basta para que el sistema judicial pueda ordenar el deshaucio de los miembros de una Comunidad mapuche viene a confirmar el criterio de que la ocupación tradicional indígena brinda hoy más derecho de poseer “legalmente” un territorio que el hecho de haber obtenido un simple “título de propiedad” por sobre el mismo.
Al respecto, los títulos otorgados por las autoridades de un estado que arribó al lugar, necesariamente, en forma posterior a la ocupación que en dicho sitio vienen realizando los pobladores originarios, carecerán de validez frente al carácter de “preexistentes” que el mismo texto del artículo 75 inc. 17 de la Constitución Nacional reconoce a los pueblos indígenas.
A través de esta sentencia, el Superior Tribunal de Río Negro reafirma los principios de la célebre sentencia recaída en el caso “Sede, Alfredo y otros c/ Vila, Herminia y otros” en agosto de 2004, confirmada por la Cámara de Apelaciones Civil de Bariloche en noviembre de 2006; dando así el máximo Tribunal de la Provincia un paso de suma relevancia en el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios.
Se reafirma, por tanto, una nueva doctrina legal, en función de la cual una simple acción de desalojo no resultará procedente para separar a los miembros de una comunidad indígena de su territorio tradicional, en tanto hoy se estarían vulnerando tanto el principio de “preexistencia” de los pueblos indígenas como los derechos de “propiedad y posesión comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan” reconocidos ambos expresamente por el nuevo texto constitucional.

* Abogado. Especialista en derecho indígena. Patrocinante de la comunidad Millapi